Volver a la escuela, volver a pensar el futuro
Por Ana Lilia Rivera Rivera
Este 31 de agosto inicia un nuevo ciclo escolar para millones de
estudiantes de educación básica en todo el país. En Tlaxcala, como en cada una
de sus comunidades, miles de familias se preparan para acompañar a sus hijas e
hijos en este nuevo camino. Vuelven las mochilas, los uniformes, los cuadernos
nuevos, las prisas de las mañanas y las aulas que recuperan las voces de niñas,
niños y jóvenes.
Por ello, quizá este sea un buen momento para reflexionar sobre qué
significa hoy educar. Vivimos una época en la que el conocimiento se transforma
a una velocidad que hace apenas unos años parecía imposible. La inteligencia
artificial, la robótica, la automatización, la ciencia de datos y las nuevas
tecnologías están modificando la manera en que trabajamos, nos comunicamos y
resolvemos problemas.
Nuestros estudiantes vivirán en un mundo que todavía estamos aprendiendo
a comprender. Por eso, la educación no puede limitarse a preparar para
responder lo que ya conocemos. Tiene que enseñar a pensar frente a lo que
todavía no existe.
La tecnología será una herramienta fundamental, pero nunca podrá
sustituir aquello que nos hace humanos: la capacidad de razonar, de imaginar,
de sentir empatía, de convivir, de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto
y de tomar decisiones responsables. Tenemos que enseñar a preguntar, a
verificar la información, a reconocer los riesgos, a utilizar la tecnología con
responsabilidad y, sobre todo, a pensar por nosotros mismos. Es decir, el reto
educativo de nuestro tiempo es formar personas capaces de convivir con la
tecnología sin convertirse en dependientes de ella.
Nuestro estado tiene una profunda historia educativa y cultural. Somos
una tierra de comunidades, de tradiciones y de conocimientos transmitidos de
generación en generación. Pero también somos una sociedad que mira hacia
adelante. El futuro de Tlaxcala dependerá, en buena medida, de las
oportunidades que seamos capaces de abrir para nuestras nuevas generaciones.
Necesitamos que una niña de una comunidad rural tenga las mismas
posibilidades de aprender y desarrollar sus capacidades que cualquier
estudiante de una ciudad. Necesitamos escuelas dignas, conectividad,
herramientas tecnológicas, bibliotecas, laboratorios y espacios seguros para
aprender. Pero también necesitamos maestras y maestros con reconocimiento,
preparación y condiciones para realizar su tarea; familias que acompañen a sus
hijas e hijos; y autoridades educativas que entiendan que invertir en educación
es invertir en el futuro.
A nuestras madres y padres de familia quiero decirles que su
participación sigue siendo indispensable. No se trata de conocer todas las
respuestas ni de dominar cada nueva tecnología. Se trata de escuchar a sus
hijas e hijos, preguntarles qué están aprendiendo, acompañarlos en sus
dificultades y celebrar sus avances. A veces, una conversación en casa puede
ser tan importante como una lección en el aula.
A nuestras maestras y maestros, mi reconocimiento y respeto. En una época
en la que cualquier estudiante puede tener acceso inmediato a cantidades
enormes de información, la labor docente adquiere todavía mayor importancia. El
maestro sigue siendo una figura insustituible no sólo para transmitir
información, sino en ayudar a comprenderla, cuestionarla y convertirla en
conocimiento.
A nuestras niñas, niños y jóvenes les diría algo sencillo: no tengan
miedo de preguntar. Pregunten mucho. Lean. Equivóquense. Intenten nuevamente.
Utilicen las nuevas herramientas para aprender más, para crear y para resolver
problemas, pero nunca dejen de desarrollar su propia imaginación y su capacidad
para cuestionar.
Y a quienes tienen responsabilidades en las instituciones educativas, no
hay que perder de vista que cada decisión tiene un rostro humano. Detrás de
cada política educativa hay una niña que quiere aprender, un joven que sueña
con una profesión, una madre que espera mejores oportunidades para sus hijos y
un maestro que todos los días entra a un salón de clases con la responsabilidad
de formar a una nueva generación.
Por eso, el regreso a clases no se limita al inicio de otro ciclo
escolar. Representa una oportunidad para renovar nuestra confianza en la
educación.
En Tlaxcala tenemos una tarea compartida: preparar a nuestras nuevas
generaciones para un futuro tecnológico, sin permitir que ese futuro las aleje
de su comunidad, de su historia, de sus valores y de su capacidad para convivir
con los demás.
El conocimiento abre puertas y la tecnología puede ayudarnos a llegar más
lejos. Sin embargo, será la educación, entendida como formación integral de las
personas, la que nos permita decidir hacia dónde queremos ir.
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