¿A quién le quedó el saco?

¿A quién le quedó el saco?


En política pocas cosas son casualidad, y mucho menos cuando los mensajes se pronuncian en vísperas de una elección.

 

Este domingo, desde la plenaria de los diputados federales de Morena, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, lanzó una advertencia que seguramente hizo ruido en más de un estado: ninguna posición vale la división del movimiento y ninguna ambición individual puede colocarse por encima del proyecto.

 

No dio nombres.

 

Tampoco hacía falta.

 

Porque cuando desde el centro del poder comienzan a hablar de unidad, intereses personales y ambiciones, normalmente es porque en algún lugar las cosas ya se están calentando.

 

Y Tlaxcala no es precisamente la excepción.

 

Aquí la sucesión de 2027 dejó de ser una conversación de café desde hace mucho tiempo.

 

Aunque oficialmente todavía falta camino por recorrer, en los hechos hay quienes ya recorren municipios, reúnen estructuras, organizan encuentros, aparecen constantemente en redes sociales y buscan demostrar que cuentan con respaldo político y territorial.

 

Todos hablan de unidad.

 

Pero cada quien trabaja para la suya.

 

Y ahí está precisamente el problema.

 

Porque conforme se acerca la definición, las sonrisas comienzan a hacerse más difíciles, las fotografías pesan más y cada reunión termina interpretándose como una señal política.

 

También aparecen las encuestas.

 

Muchas.

 

Unas colocan arriba a unos; otras favorecen a otros. Cada aspirante presume la que mejor le acomoda y cuestiona aquella donde los números no le sonríen.

 

Nada nuevo bajo el sol.

 

Sin embargo, la verdadera batalla de Morena rumbo a 2027 quizá no esté solamente en determinar quién tiene mayor conocimiento, estructura o aceptación.

 

El desafío será evitar que la competencia interna termine convirtiéndose en una fractura.

 

Porque ganar una encuesta puede entregar una candidatura, pero no necesariamente garantiza que quienes pierdan salgan felices a levantarle la mano al ganador.

 

Ahí está el verdadero reto.

 

El mensaje lanzado este domingo desde el gobierno federal podría traducirse al lenguaje político de una manera mucho más sencilla:

 

Compitan, pero no rompan.

 

Y en Tlaxcala esa instrucción podría valer oro.

 

Durante los próximos meses veremos más reuniones, más fotografías, más adhesiones, más recorridos, más encuestas y seguramente también algunos golpes debajo de la mesa.

 

Así funciona la política.

 

Pero habrá que observar quién entiende primero que una candidatura no solamente se gana demostrando fuerza antes de la decisión.

 

También se gana demostrando capacidad para mantener unido al movimiento después de ella.

 

Porque quizá el mayor problema para Morena no sea decidir quién gana.

 

El verdadero problema será saber qué harán los que pierdan.

 

Así que después del mensaje enviado desde el centro del poder, en Tlaxcala queda una pregunta flotando en el ambiente:

 

¿A quién le quedó el saco?

 

En política, cuando desde arriba empiezan a pedir unidad, generalmente es porque abajo alguien ya comenzó a sacar los cuchillos.

 

Nancy Blancas

Punto  y Aparte