Parece coincidencia…

  • Escrito por Alejandro Mixcoatl Antonio
  • lunes 09 noviembre 2020

Es un mandatario que le habla a su base, a los suyos, a los que sabe que les son devotos en una elección. Su discurso polariza y parece no importarle, es más le alegra persuadirlos atizando la discordia y fomentado el divisionismo. Si bien, su discurso no es clasista, como político populista que es, su arenga está basada en la xenofobia, en el racismo y en el fomento de la idea supremacista de la humanidad.

Su política aislacionista, es su carta de presentación en los foros internacionales. No le importa el cuidado del medio ambiente, su política energética está basada en las fuentes fósiles y ha mostrado un claro desprecio por las energías renovables. Incluso, considera que el calentamiento global es un discurso basado en el engaño para empoderar a la economía China en detrimento de su país.

Su política para hacer frente a la crisis sanitaria de Covid-19, ha resultado un verdadero fracaso, aun cuando tiene a la clase élite de científicos y tecnología de punta para paliar esta situación, simplemente su ceguera intelectual no lo ayuda. Su autismo para tomar decisiones es su mejor distintivo. En plena crisis sanitaria decidió romper los acuerdos con la OMS; algo así como al diablo con las instituciones y su país decidió abandonar a este organismo internacional. Su desatino para generar una política de salud pública eficaz, ha llevado a esta nación a ser el primer lugar en contagios y muertes.

Las voces críticas que le hacen ver sus malas decisiones gubernamentales, parecen ofenderle. Su relación con los medios de comunicación es “hostil”, no utiliza mañaneras para informar, pero durante su mandato ha utilizado el twitter, para arremeter contra las voces críticas de su administración. A los medios les ha endilgado una serie de calificativos como “noticias falsas”, “el verdadero enemigo del pueblo” o “partido de la oposición”. Y así entre su verborrea para acallar las críticas, ha mantenido una relación distante, fomentado el odio y la desunión.

La última, cuando los votos del gran jurado, parecen no favorecerlo, ha llamado a un discurso sustentando en el fraude y el de no reconocer los resultados. Incluso, ha dicho en su red social favorita; “¿Desde cuándo los medios de comunicación irrelevantes dicen quién será el próximo presidente? ¡Todos hemos aprendido mucho en las últimas dos semanas!”.

Así, esta semana que concluyó, las miradas estuvieron centradas en una de las elecciones donde se elegiría o reelegiría al Presidente de la nación más poderosa del mundo. Una elección que se aprestaba a ser reñida, tuvo como respuesta una de las más altas votaciones en la historia del país norteamericano.

La primera lectura que nos deja, es que acudió a las urnas una sociedad cansada del populismo y de la manera arrebatada para ejercer el poder. Cansada también de la miopía de un Presidente que sólo se ha dedicado a dividir a una nación. De fomentar el odio, el racismo y la xenofobia.

Cansada de que, con sus políticas migratorias, separó a familias que vieron la esperanza de lograr el sueño americano. Niñas y niños que fueron de igual forma, alejados de sus padres, sin importar sus derechos y su corta edad para comprender el desastre que el destino les jugaba.

Un muro que prometió hasta el cansancio que teníamos que pagar los mexicanos. Pues nos dijo delincuentes, violadores y vendedores de drogas; con ese discurso basado en la discriminación logró conquistar a su electorado para asumir la presidencia, ahora ese mismo discurso le ha cobrado las facturas cuatro años después.

Queda claro que estamos ante la presencia de una sociedad empoderada que sabe el valor de su voto, que conoce que es la principal arma para llevar o quitar a alguien de un puesto. Que los políticos y sus discursos sin sustento, basados en la fragilidad y seducción de las masas, se evalúan en las urnas.

México y EEUU, parecen tener coincidencias, el año que viene este fenómeno puede reflejarse en la incipiente democracia mexicana, acabar con las medidas populistas, el desprecio por las instituciones y la forma tan sutil para ejercer el poder. Puede ser. O seguir caminando por esta ruta sin saber hacia dónde vamos.