Violencia hacia las mujeres (Día Naranja)

  • Escrito por Ángeles Mendoza
  • lunes 25 noviembre 2019

Hace apenas unas décadas se asumía como natural el uso de la violencia como alternativa para resolver un conflicto, fuera o dentro de una familia. A pesar de que los índices de violencia cada día son altos en nuestra sociedad, se ha dado un significativo cambio en la percepción de la misma, antes se pensaba que era natural, normal y correcta y actualmente cada vez más personas rechazan su uso como alternativa a la resolución de las diferencias.

Definiremos a la violencia como cualquier acto u omisión efectuada con intencionalidad y cuyo fin es someter a otra persona a través del ejercicio del poder. Esta primera idea  muestra que la violencia no solo es algo que se hace, también es algo que se puede dejar de hacer (como guardar silencio, ignorar, evadir o abandonar), lo grave de estas acciones es que se efectúan con el fin de someter y ello siempre es intencional, aunque no sea consciente. Esto último significa que los actos violentos no son accidentales ni son producto de la pérdida de control, son actos en los cuales las personas que los realizan lo hacen conscientes que pueden someter al otro y con el objetivo de no perder el control que ya tienen sobre esa persona.

No se debe confundir violencia con agresividad. En el centro de un acto violento están el poder y el control, mientras que la agresión se expresa como actos de sobre vivencia. Hay quienes afirman que las mujeres también violentan a sus parejas al defenderse, en este sentido dicha afirmación es totalmente falsa, pues cuando una mujer se defiende no tiene la intención de someter al otro, sino de defenderse, en esto radica la diferencia entre agresión y violencia.

Es evidente que la violencia se puede presentar en distintos niveles y con diferentes consecuencias. Enfocando la atención en la violencia que se presenta dentro de las parejas se definen cuatro tipos de violencia: la física, la psicológica, la económica y la sexual.

La violencia física: Es la que más se reconoce y es a la que se refieren casi todas las personas cuando hablan de esta situación. Se habla de violencia física cuando una persona se encuentra en una situación de peligro físico y/o está controlada por amenazas de uso de fuerza física. Las manifestaciones de este tipo de violencia pueden incluir: empujones, bofetadas, puñetazos, patadas, arrojar objetos, estrangulamiento; heridas por arma; sujetar, amarrar, paralizar; abandono en lugares peligrosos y negación de ayuda cuando se está enfermo o herido. El abuso físico es generalmente recurrente y aumenta tanto en frecuencia como en severidad a medida que pasa el tiempo, pudiendo causar la muerte de una persona.

La violencia psicológica: Es un tipo de violencia del que comúnmente no se habla por diversos motivos, entre ellos que las personas no lo asumen como violencia o porque piensan que no es tan importante. Puede darse antes y después del abuso físico o acompañarlo, sin embargo, no siempre que hay violencia psicológica o emocional hay abuso físico. Aunque la violencia verbal llega a usarse y/o aceptarse como algo natural, es parte de la violencia psicológica. La violencia psicológica puede incluir: gritos; intimidación y amenazas, manipulación, faltas de respeto, aislamiento social y físico (no dejarla salir ni hablar con otras persona, etc.); celos y posesión extrema; degradación y humillación, insultos y críticas constantes.

Otras manifestaciones de la violencia psicológica son: acusar sin fundamento; culpar por todo lo que pasa; ignorar, no dar importancia o ridiculizar las necesidades de la víctima; mentir y romper promesas; llevar a cabo acciones destructivas (romper muebles, platos o pertenencias de la persona violentada). Incluye el control, manejo del dinero, las propiedades, así como de todos los recursos de la familia por parte del hombre.

La violencia sexual: Incluye cualquier tipo de sexo forzado o degradación sexual, como: intentar que una persona tenga relaciones sexuales o practique ciertos actos sexuales contra su voluntad; llevar a cabo actos sexuales cuando la persona no está en sus cinco sentidos, o tiene miedo de negarse; lastimarla físicamente durante el acto sexual o atacar sus genitales, incluyendo el uso intra-vaginal, oral o anal de objetos o armas; forzarla a tener relaciones sexuales sin protección contra embarazo y/o enfermedades de transmisión sexual; criticarla e insultarla con nombres sexualmente degradantes; acusarla falsamente de actividades sexuales con otras personas; obligarla a ver películas o revistas pornográficas; forzarla a observar a la pareja mientras ésta tiene relaciones sexuales con otra persona.

La violencia sexual es una forma de sometimiento milenaria que los hombres han ejercido sobre las mujeres. Los embarazos que se presentan producto de la violencia sexual son comunes, el alto índice de esta problemática, es en este sentido que se reivindica el derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencia y a decidir el momento en que quieren embarazarse.  Uno de los derechos humanos universales aprobados por el senado de la república establece el derecho a vivir libre de violencia.