Adicción al poder

  • Escrito por Ángeles Mendoza
  • jueves 07 enero 2021

Ostentar un cargo de mando con gran responsabilidad durante un tiempo prolongado puede llevar a una dependencia excesiva de poder, el lograr por las razones que sean un lugar privilegiado es una de las motivaciones sociales más importantes de una persona que está dentro de un ambiente en el que pueda lograr esa posibilidad. Y una vez llegado ese momento se va generando una  adicción al poder.

Se trata de una necesidad permanente de estar en un cargo de relevancia, como cualquier otro tipo de adicción, es engancharse en una burbuja de ilusión y derroche de actitudes “especiales”, como la soberbia, la prepotencia y el abuso, conforme pasa el tiempo las personas se convencen que merecen eso y más, este tipo de adicción no está motivada   tanto por el reconocimiento público, el respeto o la admiración de los demás, sino por el mantenerse donde han llegado y aprovechar lo más posible en su beneficio y de sus intereses, sobre todo cuando nunca antes habían tenido nada, como el clásico: “el que nunca tiene y llega a tener, loco se ha de volver” y tuvo un golpe de suerte.

El poder llama al poder y cuando se consigue algo, se pretende tener más, mantener ese estilo de vida o llegar a más sin importar el costo.

El poder genera adicción porque quienes lo ejercen se creen omnipotentes, aunque cada persona tiene su propia forma de expresarlo. A unas se les nota más que a otras. Hay dos rasgos de personalidad muy característicos que se asocian con esta ambición: la narcisista y la paranoide, entendida esta última como o estás conmigo o contra mí,  creen que todo gira en torno a su persona y que pueden hacer lo que quieran sin rendir cuentas a nadie, ni siquiera a sus superiores o iguales, tienen una personalidad muy autoritaria, y muchas de las veces pierden el rumbo y desconocen incluso a  los suyos o se alían con los que en otro momento eran sus “enemigos”, todo sea por mantenerse en el poder.

Este tipo de adicción al poder, a diferencia de otras, como; drogas, alcohol o sexo, el poder se acaba tarde o temprano, quedando solo el dinero que de igual forma no es eterno o termina comprando otros vicios.

Cuando una persona con este tipo de adicción  tiene  metas a largo plazo y no se logran hay frustración e impotencia inmediata, la persona siente ira, enfado, sentimiento de culpa e incluso, malestar físico como ansiedad y neurosis, les cuesta dar un paso atrás y les es difícil aceptar que se terminó.  

Uno de los puntos básicos en las adicciones es que la persona no reconoce su problema. No se da cuenta. Sólo cuando sus allegados son capaces de verlo y de ponerle los pies en la tierra, puede aceptar la realidad. Aunque difícilmente se logra, porque le es más fácil pensar y actuar como si su vida girara en torno a conseguir ese poder, con pensamientos obsesivos y con tendencia perversa y de destrucción a quien vean como amenaza.

La ambición a diferencia de la adicción en la vida de un ser humano es sana, cuando se hace con profesionalismo, compromiso, honestidad, vocación de servicio, definida por principios y valores al ejercer el poder en beneficio de la sociedad y de quienes les rodean con responsabilidad, sin perder la esencia natural de su personalidad, ejerciendo un liderazgo.