Entre goles y millones
México
perdió en la cancha, pero el negocio ya estaba ganado.
México
quedó eliminado del Mundial 2026.
Y
sí, duele.
Duele
porque el último partido no fue malo. Al contrario, la Selección Mexicana
defendió, corrió, peleó, metió el cuerpo, buscó el resultado y dejó todo en la
cancha ante Inglaterra. No fue una despedida vergonzosa ni una noche de brazos
caídos.
Fue
una derrota dolorosa, pero digna.
El
problema es que, mientras millones de mexicanos se quedaron con el nudo en la
garganta, otros ya traían el dinero en la bolsa.
Porque
el Mundial no solo se juega con goles, banderas y lágrimas. También se juega
con contratos, premios, patrocinios, derechos de televisión, turismo y millones
de dólares.
Para
empezar, la FIFA destinó para este Mundial una bolsa histórica de 871 millones
de dólares. Cada selección clasificada recibió dinero por preparación y
participación. Solo por estar en el torneo, los equipos ya tenían asegurados
millones.
México,
al avanzar a octavos de final, aseguró 15 millones de dólares en premio
deportivo. A eso se suma el recurso de preparación que reciben las selecciones
participantes. En pesos mexicanos, estamos hablando de cientos de millones.
Y
aquí viene el dato que muchos no saben: la FIFA no paga por gol. No hay un
cheque por cada anotación. No importa si metiste uno, cinco o diez goles. El
dinero se reparte según la ronda alcanzada.
Es
decir, México no cobró por cada gol que gritó la afición. Cobró por llegar
hasta donde llegó.
El
campeón del mundo se llevará 50 millones de dólares. El subcampeón, 33
millones. El tercer lugar, 29 millones. Los que llegan a cuartos aseguran 19
millones. Y los que se quedan en octavos, como México, reciben 15 millones.
Por
eso la tristeza del aficionado contrasta tanto con la tranquilidad del negocio.
Mientras
la gente apagaba la televisión con coraje, los jugadores, cuerpo técnico,
Federación, FIFA, televisoras y patrocinadores ya habían ganado. Los bonos internos
para jugadores y técnicos dependen de acuerdos privados con la Federación, pero
una cosa es clara: en el futbol profesional, perder no siempre significa irse
con las manos vacías.
Y
todavía falta otro negocio: México fue sede.
Ser
país anfitrión no significa recibir un premio directo por abrir los estadios,
pero sí implica derrama económica: hoteles llenos, restaurantes, transporte,
turismo, consumo, publicidad, marcas, boletaje y ciudades enteras convertidas
en escaparate mundial.
El
Mundial mueve emociones, pero también mueve cajas registradoras.
Por
eso hay que decirlo completo: México sí dejó todo en la cancha. Los jugadores
se partieron el alma. Se compitió con dignidad. Pero el futbol mexicano sigue
teniendo una deuda histórica con su afición.
Porque
vendemos como potencia, cobramos como potencia, llenamos estadios como
potencia, generamos audiencia como potencia… pero seguimos sin jugar los
partidos decisivos como potencia.
Así
que sí, lloremos la derrota si hace falta. Reconozcamos el esfuerzo del equipo.
Aplaudamos que esta vez no se rindieron.
Pero
tampoco seamos ingenuos.
Mientras
nosotros seguimos tristes por la eliminación, muchos ya hicieron cuentas
alegres. El Mundial terminó para México, pero el negocio cerró con ganancias.
Así
que ni modo.
A
levantarse, sacudirse la tristeza y regresar a trabajar.
Porque
la afición puso la garganta, el corazón y la ilusión.
Los
demás ya traen su varo en la bolsa.
Nancy
Blancas
Punto
y Aparte.
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