Tlaxcala 2027: Bajo la lupa de Palacio
En Morena ya no se saludan… se cuentan
Dicen en política que cuando todos hablan de unidad, es porque la guerra ya comenzó.
Y lo que vimos este domingo en Tlaxcala fue justamente eso.
Morena organizó dos eventos, dos concentraciones, dos discursos… pero, sobre todo, dos demostraciones de fuerza.
Por un lado, el grupo del poder, encabezado por la gobernadora Lorena Cuéllar, movilizando estructura, operadores y la maquinaria oficial.
Por el otro, Ana Lilia Rivera, arropada por figuras nacionales y dejando una señal imposible de ignorar: no piensa esperar sentada a que otros decidan el 2027.
Aquí ya nadie está jugando a las escondidas.
La sucesión comenzó.
Y comenzó con algo que en política pesa más que los discursos: contar cuántas sillas llenaste, cuántos liderazgos te acompañaron y cuántos aplausos fueron reales… y cuántos obligados.
Porque en Morena ya no se saludan… se cuentan.
Se cuentan los asistentes.
Se cuentan los aliados.
Se cuentan las ausencias.
Y, sobre todo, se cuentan las traiciones.
Lo más interesante es que el evento de Ana Lilia dejó algo todavía más claro: esto ya dejó de ser política meramente local.
La presencia de Dolores Padierna, Alfonso Ramírez Cuéllar, Jesús Ramírez Cuevas, Guadalupe Chavira de la Rosa, René Bejarano y Víctor Suárez Carrera, actual procurador agrario, no puede leerse como una simple cortesía política.
Porque personajes de ese nivel rara vez viajan solo para la foto.
Van a escuchar.
Van a medir.
Van a tomar nota.
¿Quién llena?¿Quién moviliza?
¿Quién conecta con la base?
¿Y quién realmente puede competir?
Eso significa una sola cosa: Tlaxcala ya está en el radar nacional.
Pero basta mirar con atención para entender que la unidad hoy parece más un slogan que una realidad.
En Tlaxcala ya se están formando bandos.
Los que apuestan por la continuidad del grupo en el poder.
Y los que creen que llegó el momento de mover las piezas.
Pero la historia no termina en esos dos frentes.
Mientras unos ya salieron a mostrarse, otros aspirantes siguen operando con bajo perfil, tejiendo alianzas, midiendo tiempos y moviendo fichas con más cautela que ruido.
Porque en política, no siempre va
adelante quien más se exhibe… sino quien mejor sabe nadar bajo el agua .
Y tampoco hay que perder de vista a los partidos aliados.
PT, PVEM y otras fuerzas que hoy caminan junto a Morena también tendrán algo que decir cuando llegue la hora de las definiciones.
Porque el respaldo de los aliados nunca es gratis.
Se negocia.Se condiciona.
Y, llegado el momento, también se cobra.
Lo preocupante para Morena no es
que exista competencia interna; eso es natural en cualquier partido fuerte.
Lo peligroso es otra cosa: que la competencia se convierta en guerra de desgaste.
Porque mientras hacia afuera venden fortaleza, hacia adentro las fracturas empiezan a ser cada vez menos discretas.
Y una verdad incómoda ya circula en voz baja entre morenistas:
La pelea por Tlaxcala podría no
definirse por quién es más popular…
Sino por quién resiste más fuego amigo.
Porque al final, en Morena
Tlaxcala ya no parece haber adversarios enfrente.
Los adversarios… podrían estar
sentados en la misma mesa.
Nancy Blancas
Punto y aparte.
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