La jornada de 40 horas: una reforma que también llega a Tlaxcala
La aprobación
de la reforma constitucional que reduce la jornada laboral de 48 a 40 horas
semanales marca un antes y un después en la historia del trabajo en México. No
es una medida improvisada ni ideológica: es una respuesta responsable a una
realidad que por años ha sido ignorada. Nuestro país se encuentra entre los que
más horas trabajan al año y, paradójicamente, ese esfuerzo no se refleja en
mejores niveles de bienestar. Trabajar más no ha significado vivir mejor.
En este
contexto, votar a favor de esta reforma fue un acto de congruencia con una
visión de justicia social que pone en el centro a las personas. Las y los
trabajadores son quienes sostienen la economía nacional y regional.
En Tlaxcala,
su aportación es evidente: desde la industria manufacturera y automotriz,
pasando por el comercio y los servicios, hasta el campo y las pequeñas unidades
productivas que dan identidad y sustento a nuestras comunidades.
Reducir la
jornada laboral sin afectar salarios ni prestaciones es reconocer que el tiempo
también es un derecho. Tiempo para la familia, para el descanso, para la salud
y para la convivencia comunitaria. En Tlaxcala, donde miles de personas
realizan traslados diarios hacia zonas industriales o incluso a estados
vecinos, una jornada más corta significa menos desgaste físico y emocional,
menor estrés y mejores condiciones para la vida familiar.
Los beneficios
no son sólo sociales, también son económicos. Diversos estudios internacionales
muestran que jornadas más cortas, acompañadas de buena organización del
trabajo, incrementan la productividad, reducen el ausentismo y disminuyen la
rotación laboral. Para Tlaxcala, esto representa una oportunidad concreta:
fortalecer su competitividad como estado industrial sin recurrir a la
sobreexplotación de la mano de obra. Un trabajador descansado rinde más, se
capacita mejor y se compromete con su empresa.
Además, esta
reforma tiene un impacto directo en la salud pública. Jornadas prolongadas
están asociadas a enfermedades crónicas, accidentes laborales y problemas de
salud mental. Menos horas de trabajo significan menos presión sobre los
sistemas de salud y una mejor calidad de vida para miles de familias
tlaxcaltecas. Es una política preventiva que, a largo plazo, reduce costos
sociales y económicos.
La
implementación gradual de 2026 a 2030 permitirá que los centros de trabajo se
adapten con responsabilidad, planeación y diálogo. Las micro, pequeñas y
medianas empresas —tan importantes en la economía de Tlaxcala— contarán con el
tiempo necesario para reorganizar procesos, invertir en capacitación y
aprovechar la innovación tecnológica para elevar su productividad sin
precarizar el empleo.
Hablar de la
jornada de 40 horas es hablar de dignidad. Es entender que el desarrollo no
puede medirse sólo en cifras macroeconómicas, sino en la posibilidad real de
que las personas vivan mejor.
Desde el
Senado, mi compromiso es claro: seguir impulsando un modelo laboral más humano,
donde el crecimiento económico vaya de la mano del bienestar social y donde
Tlaxcala avance con justicia, equilibrio y futuro.
Ana Lilia
Rivera Rivera
Senadora de
la República por el Estado de Tlaxcala
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