La política se mide con resultados

La política se mide con resultados

La competencia por la candidatura de Morena hoy se disputa en entrevistas, redes sociales, columnas y declaraciones donde cada aspirante busca posicionarse como la mejor opción.

 

Es una estrategia legítima, siempre que el debate se construya con argumentos y no con intentos por confundir a la ciudadanía, porque, al final, los electores tienen memoria y también capacidad para distinguir entre la propaganda y los hechos.

 

Y aquí llama la atención el discurso de la senadora Ana Lilia Rivera, quien ha optado por descalificar a quienes no coinciden con ella, hasta llamarlos estúpidos, mientras las encuestas muestran una tendencia que ya no le favorece.

 

Más allá de las diferencias políticas, hay una pregunta que sigue pendiente: ¿qué beneficios concretos dejó para Tlaxcala su paso por el Senado? Después de casi ocho años de representación, la respuesta no puede limitarse a discursos o posicionamientos nacionales; debe traducirse en resultados palpables para quienes le dieron su voto y los tlaxcaltecas no percibimos nada en este punto.

 

Del otro lado, el crecimiento de Alfonso Sánchez García parece estar relacionado con la percepción que existe sobre su gestión al frente del Ayuntamiento de Tlaxcala. Pero esa percepción también debe ponerse a prueba. ¿El Centro de Transferencia de Residuos hará más eficiente el servicio de limpia? ¿Los programas de reencarpetamiento y bacheo mejoraron realmente la movilidad? ¿La ampliación del alumbrado público hizo más seguras las calles? ¿Las acciones de limpieza y recuperación de espacios públicos cambiaron la imagen de la ciudad? Esas son las preguntas que están marcando la discusión.

 

Seguramente Usted que me lee coincide en que la mejor propaganda sigue siendo demostrar, con hechos y no con palabras, que la vida de la gente mejoró.