Doce años de Morena: la fuerza de un pueblo que decidió transformar a México
El 9 de julio
de 2014 es una fecha que marca la historia de México. Ese día, Morena obtuvo su
registro como partido político nacional, pero, más allá de un acto jurídico,
nació la esperanza organizada de millones de mexicanas y mexicanos que
decidieron convertir la indignación en participación y la participación en
transformación.
Morena no
surgió de los escritorios del poder ni de los acuerdos entre élites. Nació de
la voluntad de un pueblo que durante décadas caminó, luchó, resistió y mantuvo
viva la convicción de que México podía ser distinto. Antes de ser partido,
fuimos movimiento. Antes de contender en las urnas, recorrimos plazas,
comunidades y hogares sembrando una revolución de conciencias que hoy ha
transformado a una nación entera.
Tengo el
enorme orgullo de decir que soy fundadora de Morena. Viví esa etapa en la que
construir un partido significaba recorrer caminos con más convicción que
recursos, convencer con ideas y no con dinero, organizar asambleas, tocar
puertas y enfrentar el escepticismo de quienes pensaban que era imposible
vencer al viejo régimen.
Como
Secretaria General del Comité Ejecutivo Estatal Fundacional de Morena en
Tlaxcala, responsable de la Asamblea Estatal Fundacional y posteriormente
comisionada para contribuir a la organización del partido en diversas entidades
del país, aprendí que la mayor fortaleza de nuestro movimiento siempre ha sido
su gente.
Han
transcurrido doce años desde aquel registro histórico y los resultados hablan
por sí mismos. México emprendió una transformación profunda que colocó en el
centro a quienes durante mucho tiempo fueron olvidados. La política dejó de
servir a unos cuantos para convertirse en un instrumento de justicia social.
Hoy millones
de personas mayores reciben una pensión; las y los jóvenes cuentan con mayores
oportunidades para estudiar y trabajar; el salario mínimo ha recuperado su
poder adquisitivo; los programas sociales son derechos constitucionales; la
corrupción dejó de ser una forma de gobierno y la vida pública se conduce bajo
principios que antes parecían inalcanzables: no mentir, no robar y no
traicionar al pueblo.
Nada de ello
habría sido posible sin el liderazgo visionario de Andrés Manuel López Obrador,
quien convirtió una causa social en un proyecto nacional. Tampoco sin la
conducción de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien hoy continúa
consolidando el Segundo Piso de la Cuarta Transformación con la certeza de que
gobernar significa profundizar la justicia social, fortalecer las instituciones
y ampliar los derechos del pueblo.
Sin embargo,
sería un error pensar que la transformación depende únicamente de sus
dirigentes. La verdadera fuerza de Morena sigue estando en su militancia, en
las mujeres y los hombres que creen que la política debe ejercerse con ética,
honestidad y profundo amor por México.
Por ello,
este aniversario también es una oportunidad para recordar que Morena no puede
apartarse de sus principios fundacionales. Debemos cuidar que el movimiento
conserve su esencia: caminar junto al pueblo, escuchar sus demandas, actuar con
humildad y mantener siempre abiertas las puertas a quienes luchan por un país
más justo.
Los partidos
nacen, crecen y, en ocasiones, olvidan por qué fueron creados. Morena tiene la
enorme responsabilidad histórica de no perder nunca la memoria de su origen.
Nuestro compromiso no es con el poder por el poder mismo, sino con la
transformación permanente de México y con la construcción de una nación donde
la dignidad, la igualdad y la justicia sean una realidad para todas y todos.
Doce años
después, sigo creyendo con la misma convicción que me llevó a participar en la
fundación de este movimiento. Sigo convencida de que cuando el pueblo es
protagonista de su propia historia, no existe obstáculo capaz de detener el
cambio.
Morena nació
del pueblo. Al pueblo se debe. Y será siempre el pueblo quien marque el rumbo
de la Transformación.
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