Manual para apropiarse de lo ajeno

Manual para apropiarse de lo ajeno

En las últimas semanas, la legisladora oriunda de Calpulalpan ha optado por hablar demasiado y pensar poco. Cada entrevista que concede parece un nuevo episodio de una serie que deja entrever que algo no está funcionando en su equipo… si es que lo hay.

 

Pregunta, ¿con qué va a salir la senadora del Metepantle el día de mañana y quién la asesora?, o mejor dicho quién debería no asesorar a nadie más, porque lo que hemos visto en su carrusel de entrevistas recientes no es una estrategia mal ejecutada, es una ausencia total de estrategia.

 

Llamar “estúpidos” a quienes cuestionan su trabajo es torpeza, y querer hacer caravana con sombrero ajeno es arrogancia mal disimulada.

 

En su afán por demostrar que “sí ha hecho mucho por Tlaxcala”, la “representante” de los tlaxcaltecas en la cámara alta del Congreso de la Unión decidió adjudicarse méritos que tienen nombre y apellido en la historia reciente del país. Decir sin rubor que los programas sociales prácticamente nacieron en su escritorio es una mafufada política.

 

La senadora cruzó una línea peligrosa, adjudicarse lo que no es suyo, y cuando un alegato necesita inflarse de esa manera, suele ser porque la realidad ya no alcanza.

 

Porque conviene recordar, aunque a algunos no les acomode, que el Banco del Bienestar no fue una ocurrencia individual, sino una pieza clave del proyecto de nación de Andrés Manuel López Obrador, fue su gobierno el que impulsó la transformación de Bansefi en banca social para eliminar intermediarios y hacer llegar los apoyos directamente a los mexicanos. Esa fue una decisión estructural, no una inspiración personal como dice la senadora.

 

Lo mismo ocurre con el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, la creación del INDEP en 2019 respondió a una política de austeridad y combate frontal a la corrupción impulsada desde la Presidencia de la República, al transformar el viejo SAE en una herramienta para redistribuir bienes decomisados en beneficio social.

 

Decir que de su cabeza nacieron los nuevos derechos de la sociedad ya es soberbia, y ese suele ser el primer síntoma de quien empieza a perder el piso.

 

Tal vez la senadora está mal informada, tal vez nadie se atreve a corregirla, o tal vez la ambición por el 2027 la tiene mirando tan alto que ya no ve por dónde camina, pero de no poner los pies en la tierra pronto, seguirá avanzando, pero hacia abajo.