Legislar también es caminar y escuchar
Pensar,
decir y hacer: responsabilidad de la 4T
Vicente
Morales Pérez
Con el inicio de un nuevo periodo ordinario de sesiones en el Congreso
del Estado de Tlaxcala comienza una etapa importante para la vida pública de
nuestra entidad. Son semanas de trabajo parlamentario en las que se presentan
iniciativas, se analizan reformas, se debaten asuntos de interés colectivo y se
construyen acuerdos que pueden convertirse en leyes y decisiones con impacto
directo en la sociedad.
Pero ¿qué significa realmente un periodo ordinario de sesiones para la
ciudadanía?
Más allá de los términos jurídicos y parlamentarios, significa que
quienes recibimos la responsabilidad de representar a la sociedad tenemos
nuevamente frente a nosotros una agenda intensa de trabajo. Significa estudiar,
analizar, debatir y votar, pero también preguntarnos permanentemente si aquello
que hacemos desde el Congreso responde verdaderamente a las necesidades de las
personas.
Porque legislar no puede significar solamente permanecer dentro del
recinto legislativo.
Para hacer buenas leyes primero debemos conocer la realidad. Y la
realidad no siempre se encuentra en los documentos, los informes o las
estadísticas. También está en las comunidades, en los mercados, en el campo, en
las escuelas, en los pequeños negocios y, sobre todo, en las conversaciones
cotidianas con la gente.
Por eso el trabajo legislativo debe caminar acompañado del trabajo
territorial.
Recorrer nuestros municipios y comunidades permite escuchar directamente
a mujeres y hombres que todos los días construyen Tlaxcala. Campesinos,
comerciantes, estudiantes, jóvenes, profesionistas, empresarios, trabajadores,
amas de casa y adultos mayores tienen experiencias distintas, necesidades
diferentes y también propuestas que deben ser escuchadas.
Cada conversación puede ayudarnos a comprender mejor un problema. Cada
recorrido puede mostrarnos una realidad que desde un escritorio sería difícil
observar. Cada encuentro ciudadano puede aportar elementos para construir
propuestas más cercanas a lo que verdaderamente necesita nuestra sociedad.
Esa debe ser también una característica de la transformación de la vida
pública.
Transformar no significa únicamente cambiar gobiernos o representantes.
Significa cambiar la manera de ejercer la responsabilidad pública. Significa
entender que un cargo no puede alejarnos de las personas, sino obligarnos a
estar todavía más cerca de ellas.
Durante demasiado tiempo se construyó la idea de una política que
solamente visitaba las comunidades cuando necesitaba nuevamente el respaldo
ciudadano. Esa práctica debe quedar atrás.
La cercanía tiene que ser permanente. Por eso, mientras avanzan las
sesiones del Congreso, continuarán también los recorridos, las reuniones y los
encuentros con la ciudadanía. No como actividades separadas del trabajo
legislativo, sino como parte fundamental del mismo.
El Congreso y el territorio deben comunicarse permanentemente. Lo que
escuchamos afuera debe ayudarnos a trabajar adentro. Una necesidad puede
convertirse en propuesta; una problemática recurrente puede generar un exhorto
o una iniciativa; una inquietud ciudadana puede abrir una discusión pública
necesaria. Y también debemos tener la responsabilidad de explicar cuando
determinado asunto no corresponde al Poder Legislativo o cuando una solución
requiere la participación de otras instituciones.
Estar cerca de la gente no significa prometerlo todo. Significa escuchar
con atención y hablar con verdad.
La ciudadanía tiene derecho a conocer qué hacen sus representantes,
cuáles son sus propuestas, qué asuntos defienden y cuál es el sentido de sus
decisiones. Una democracia fuerte necesita ciudadanos participativos, pero
también representantes dispuestos a explicar permanentemente su trabajo.
El periodo ordinario que comienza representa, entonces, una nueva
oportunidad para fortalecer ese vínculo. Habrá iniciativas, debates, acuerdos y
votaciones. Habrá trabajo en comisiones y participaciones desde la tribuna.
Pero también seguirá habiendo territorio, diálogo y contacto directo con las
personas.
Porque la transformación de la vida pública también se construye así:
escuchando más, recorriendo más y entendiendo que detrás de cada decisión
existen personas, familias y comunidades.
La política adquiere su verdadero sentido cuando se convierte en una
herramienta para servir.
Por eso nuestra responsabilidad seguirá estando en ambos espacios: en el
Congreso, trabajando con seriedad; y en las comunidades, caminando junto a
nuestra gente.
Porque legislar también es escuchar.
Y representar significa nunca perder de vista a quienes nos dieron esa
responsabilidad.
Sígueme en mis redes sociales.
https://www.facebook.com/SoyVicenteMorales
https://www.instagram.com/soyvicentemorales
Comentarios