Cuando se habla sin entender lo que se dice
Ayer, en el Congreso del Estado de Tlaxcala, la diputada
Aurora Villeda encendió la tribuna al respaldar el llamado Plan B de la reforma
electoral de la Presidenta Claudia Sheinbaum. En su intervención, arremetió contra la oposición acusándola de defender “privilegios”, “listas” y
“acuerdos cupulares”, mientras presumía que su partido gana “en territorios” y
con “respaldo popular”, no con plurinominales ni negociaciones en lo oscurito.
La diputada Villeda parece no haber leído -o no haber
comprendido- la iniciativa que defiende con tanto entusiasmo. La eliminación
del sistema actual de plurinominales formaba parte del Plan A, la reforma
constitucional que requería mayoría calificada en la Cámara de Diputados y que
fue rechazada. El Plan B que ahora se discute -y que ya fue aprobado en el
Senado- ya no toca las plurinominales.
Lo que sí contempla el Plan B es un paquete concreto de
austeridad: establecer un tope de 0.7 % del presupuesto estatal para el gasto
de operación de los congresos locales, reducir el número de regidores (máximo
15 en los municipios más grandes y solo una sindicatura), imponer límites
salariales y eliminar prestaciones onerosas para legisladores y funcionarios
locales.
Además, en el propio Senado se desestimó y retiró la
propuesta de adelantar o modificar la revocación de mandato, por lo que esta
figura se mantiene exactamente como estaba. Es decir, el Plan B no es un ataque
a la oposición ni a las “listas”; es un recorte directo al presupuesto y a las
condiciones de los diputados en funciones. Incluida, por supuesto, la propia
diputada Villeda.
Si ella aplaude con vehemencia esta reforma, solo caben dos
lecturas: o desconoce por completo el contenido del Plan B que dice apoyar, o
reconoce implícitamente que sí goza de esos privilegios excesivos y está
dispuesta a que se los recorten. En ambos casos, su intervención revela una
ligereza preocupante.
Un legislador tiene la obligación básica de conocer la letra
y el alcance real de las iniciativas que defiende. Hablar desde la tribuna
repitiendo consignas sin dominar el tema no es defender al pueblo: es hacer
demagogia barata y faltar al respeto a la institución que se representa.
La diputada Villeda criticó a la oposición por algo que el
Plan B ya no contempla y celebró medidas que, de aprobarse, afectarán
directamente el presupuesto y las condiciones de trabajo del Congreso al que
pertenece. Eso no es coherencia; es improvisación.
Cuando se habla sin saber ni entender lo que se dice, se deja
de legislar y se convierte la tribuna en un escenario de consignas vacías. La
ciudadanía de Tlaxcala -y de México- merece representantes que lean, analicen y
argumenten con conocimiento de causa, no actores que repitan narrativas ajenas
sin haber revisado el guion.
La verdad duele. Pero la ignorancia duele más
cuando se ejerce desde el poder.
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