El salgadicidio …

El salgadicidio …


Escucho el coraje y las voces críticas de mis hijas de apenas, diez, quince y diecisiete años y, llego a la conclusión de que se ha cometido un salgadicidio, muchos cuestionarán qué diablos es eso.

No obstante, quiero reforzar esta teoría y veo los encabezados de los diarios, donde todos hablan de lo mismo. Las principales columnas y mesas de análisis no dan crédito a lo que sucedió. Las charlas de café giran en el mismo sentido. El partido gobernante se encuentra dividido sobre este tema.

La mujer en el discurso político siempre ha estado sumergida por la denigración, la discriminación y la misoginia. Ningún político del estirpe o color que sea, escapa a esta polémica. El problema: - que hoy se rayó en el cinismo-.

¿Explico? El polémico Diego Fernández de Cevallos, en la actualidad convertido en tuitero, en su campaña presidencial se refería a este sector como el “viejerío”. El bocón de Fox, las describió como “lavadora de dos patas”. El mismo Calderón Hinojosa, en sus redes sociales cuestionó la capacidad de Delfina Gómez, actualmente Secretaria de Educación Pública, cuando en su campaña al Gobierno del Estado de México, la fustigo con un tuit; ¿Delfina es nombre propio?...

El mismo Peña Nieto, al ser interrogado sobre el precio de la tortilla de forma por demás irónica, contesto; “No soy la señora de la casa”. Y qué decir de las expresiones que en su momento Jorge Hank Rhon manifestó al sostener que; “la mujer es su animal favorito”, hoy aspirante por el PES, al gobierno del Estado de Baja California.

Pienso igual en el “Góber precioso”, detrás de las rejas pagando los abusos cometidos durante su mandato. Su forma cruenta en que conversaba con el empresario textilero Kamel Nacif, y donde le explicaba cómo tratar a la mujer desde las mieles y comodidad que da el poder; “Pues ya ayer le acabé de darle un pinche coscorrón a esta vieja cabrona… Pero es que nos ha estado jode y jode, así que se lleve su coscorrón y que aprendan otros y otras” …

Los pasajes sexistas y misóginos desde las altas esferas, han sido una forma recurrente. Al momento son palabras que se consideran causan gracia, denotan sutileza, minimizan a la mujer al grado de llevarla a la ridiculización, piensan que eso les atrae simpatía; más en el fondo denotan su espíritu machista en lo recóndito de su personalidad.

Como siempre, al desatar las críticas y reacciones, saben que su futuro político se pone en riesgo, y echan reversa a sus comentarios. Luego, es común verlos anualmente el 8 de marzo echar arengas a favor de la mujer, o los días 25 de cada mes portar su listón naranja, como símbolo de rechazo a la violencia que se ejerce contra este sector.

Se dice que en política la forma es fondo, hoy, ha perdido vigencia este principio. Las formas no sirven, no ayudan, no marcan agenda. Lo que vemos en la actualidad que las protestas, criticas o comentarios no hacen mella en las esferas del poder político. Al contrario, causan enojo, enfado y coraje.

Hemos visto como los políticos más retrógrados, han pensado dos veces su proceder en la forma cuando comenten una tontería como las descritas. Hoy no pasa eso. Las protestas, movilizaciones y manifiestos para poner un alto a la violencia en contra de la mujer, son ignorados, minimizados y reprimidos.

La defensa férrea para imponer a Salgado Macedonio como candidato a la gubernatura de Guerrero, señalado por tener denuncias de abuso sexual y violación, se las pasaron por el arco del triunfo, denuncias que en su momento no prosperaron en las instancias ministeriales o jurisdiccionales porque así es el acceso a la justicia en México, las mujeres no tienen voz, no tienen derechos… que se archiven sus asuntos, a final son el viejerío que detesta el poder.

El partido de la honestidad valiente le dio al pueblo, “atole con el dedo”, al reponer un procedimiento que no sirvió para nada. Salgado se salió con la suya, a final será gobernador en un estado dolido por la pobreza y la desigualdad social.

El salgadicidio se perpetró, y se puede definir como el ataque generalizado o sistemático desde el poder político en contra de los derechos humanos de las mujeres, con el fin de imponer en un cargo público a una persona misógina o que ha violado la dignidad de la mujer por acción o por omisión. Esto suele pasar en México en pleno siglo XXI.