Prestigio & Protagonismo Político

  • Escrito por Ángeles Mendoza
  • martes 06 octubre 2020

Originalmente, el prestigio se refirió a la pomposidad, la palabra tenía connotaciones absolutamente negativas. De hecho, la raíz de la palabra "prestigio" viene del latino præstigum que significa; engaño o truco. También está asociado a las clases sociales altas regularmente, ya que de esta evocación emergen otras cualidades como es: la influencia, respeto, reconocimiento, autoridad y credibilidad.

En política; basta con esperar la llegada de una oportunidad electoral para ver a seudo políticos, aspirantes a las candidaturas sin mayor experiencia ni conocimientos, preparar sus cañones (cámara en mano y asesor de imagen para algunos) para la pasarela artística en el devenir de la desgracia ajena e ir a solidarizarse con la intención de enseñarnos su compromiso con la gente.

En estos y en todos los tiempos muchos se creen políticos cuando nunca han pisado una escuela de formación, aunque la realidad sea que para empezar a ser un actor político primero que ser un actor social ya que la una sin la otra no puede dejar de existir. Estos son los que motivados por el figureo están en el lugar de los hechos con el propósito de llenar su ego político. Lo social y lo político coexisten y se desarrollan de forma unísona pero el actor social para ser político tiene que, obligatoriamente, formarse y capacitarse.

Sabemos que muchos y muchas quienes han llegado     a ganar elecciones o de ocupar un cargo público llamado de primer nivel, aprendieron sobre la marcha, cometiendo errores graves  y evidentes; primero abusando del personal que le asignan para trabajar en equipo, donde solo demuestran sus carencias de humildad y trato digno, la prepotencia les nace a todo lo que da, después, los recursos, no es suficiente con un sueldo “bueno”, hay que ver que se llevan extra, y no digamos del protagonismo puro, se vuelven “ajonjolí de todos los moles”, caen en el exceso, porque el que nunca tiene y llega a tener, en fin este tipo de conductas son muy comunes , a diferencia de crear prestigio por el trabajo, las aportaciones, el trato, la capacidad y la experiencia.  

La grave de las tentaciones que tiene una persona cuando alcanza cierta notoriedad es caer en la sed de protagonismo, esto es, en la ansiedad por gozar del prestigio sin habérselo ganado y, peor aun sin merecerlo. El principal oponente del protagonista es el antagonista, quien representa o crea obstáculos que el protagonista debe superar. Al igual que los protagonistas, puede haber más de un antagonista en una historia.

En el caso del protagonismo político que está en todos lados, es una maldición natural. Una obsesión por no dar la cara a la verdad y destruir cualquier idea o proyecto del otro por el solo hecho de no figurar como principal protagonista.

 

Es clásico ver la importancia que le dan algunos funcionarios al “Yo lo hice”. Pero digamos que la cosa no es tan grave si el trabajo es bueno, pero figurar en los espacios políticos y permanecer en ellos, es un peligro latente, porque no solo permiten la mediocridad humana, sino que además niegan el trabajo creativo en equipo, no reconocen a nadie, a quienes trabajaron y el proyecto dura lo que dos peces de hielo en el agua. Esto sin considerar que los recursos utilizados no son propios, y además lo que realizan es parte de su responsabilidad y función. No de un hecho heroico.

El protagonismo político es esa manía de sentirse el centro de la atención social. Es esa obsesión de ser reconocido como la persona más calificada y necesaria en determinada actividad, independientemente de que se posean o no méritos que lo justifiquen. Aquellos que recurren a urdir protagonismos improvisados, sea cuales fueren sus propósitos y argumentos justificativos, actúan con deshonestidad y perversidad de intenciones. Para este tipo de personas lo que importa es que los conozcan, no importa lo que cueste, pese a su imagen personal, familiar, social o política.

Es cierto que todo ser humano necesita fortalecer su autoestima con el afecto, el reconocimiento, el respeto y la admiración de sus semejantes; es válido sin caer en el ridículo de aparentar ser lo que realmente no se es cuando existe una obsesión de ser aceptado y reconocido en una circunstancia de conveniencia personal, cuando incluso son incongruentes con su personalidad.  

Que beneficioso sería que los jóvenes quienes tienen visión, vocación de servicio, deseos de transformar su comunidad, estado y país, procuran día a día formarse y capacitarse para dar un mejor servicio a la nación, recae el compromiso de ir sustituyendo una clase política apática, derrochadora de los recursos del estado e indiferente a los problemas básicos y comunes de la sociedad. Por otro lado, es fundamental valorar a quienes tienen una trayectoria política, experiencia, capacidad, madurez, pero sobre todo conocimientos; recordemos que la política es una ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, por lo tanto, seamos responsables y respetuosos de las cualidades de las y los actores políticos, no así en la ignorancia e improvisación.