El poder de las palabras

  • Escrito por Ángeles Mendoza
  • miércoles 01 agosto 2018

Es bien sabido que todo lo que decimos y como lo decimos, tiene el poder de destruir, crear o  generar rechazo,  solo que muchas de las veces, lo olvidamos y de forma común la mayoría de las personas no piensa antes de emitir palabras hacia los demás, incluso suelen olvidar lo que se dijo en algún momento, hasta que un vinculo que podía haber iniciado bien, se rompe, es cuando pueden darse y preguntarse el porqué.

Recordemos que es fundamental tener en cuenta que no es malo decir lo que se piensa o se siente a quien se aprecia o se quiere, lo que es importante y marca la diferencia es la forma en que se dijo.  Hay quienes dicen el clásico “así soy y que”; sentirse orgulloso de decir las cosas de frente está bien, lo que no es correcto; es tener la intención de lastimar o romper una relación, ya sea; laboral, social, profesional y desde luego personal, no hay nada más sencillo que hacer daño con las palabras dirigidas destruir a otra persona, y más complicado reparar esa relación por esta causa.

Difícilmente las personas ignoran el poder y la fuerza de sus palabras, ya que la influencia de las mismas siempre llevan una propósito, sobre todo en las relaciones de pareja, se manifiesta constantemente que en todas las áreas la comunicación es de suma relevancia, solo que se debe conocer el estilo, la forma, el cómo y para qué, ya que sin mayor esfuerzo se logra lo que se pretende con las palabras adecuadas, ya sean negativas o positivas. 

Otro manera de fracturar una relación es el silencio cuando la otra persona espera una respuesta; con ello se pretende persuadir o evitar algún tipo de mal entendido, se asume la ausencia total de las palabras, lo cual puede resultar confuso y dar señales equivocadas,  las personas suelen interpretar el silencio en base a sus emociones y sentimientos generados en ese momento, por lo que se puede  caer en contradicciones y tener un alto índice de frustración.

Una vez teniendo claro este punto, lo ideal es aprovechar el poder de influencia que tiene lo que decimos y aprender a reeducar, retroalimentar y restaurar el vocabulario, debe quedar claro que lo que se dice no regresa, es necesario tener la capacidad de pensar y reflexionar las palabras, saber escucharse así mismo, evitara lamentarse de haber dicho tal o cual cosa y será complicado retomar el mismo tema o asunto, el cual de todas formas en caso de que sea posible, se deberá decir de la mejor manera; para crear un vinculo de respeto y empatía.

Existen cierto tipo de palabras que no se las lleva el viento como quisiéramos que pasara muchas ocasiones, sobre todo si son dichas a personas que apreciamos y no queremos que se alejen, aun así, en alguna oportunidad la otra parte puede entender que se dijo en un momento de molestia o impulso, de cualquier forma quedan registradas en su memoria y difícilmente las olvidan, porque causaron una huella emocional que afecto directamente un sentimiento, que provoca un rechazo inconsciente, no hay que perder de vista que; “ las palabras que pronunciamos día a día, no son elementos inocuos lanzados al aire escritas con lápices de borrado fácil. Al contrario, son elementos de influencia que pueden no borrarse nunca”.