Marcha por el 8M deriva en caos

Marcha por el 8M deriva en caos

* Mujeres reclaman indolencia de la autoridad ante violencia y feminicidios.

* Abundan las bombas de gas lacrimógeno en fallidos intentos de la policía por dispersar a manifestantes.

 

Después de que la especulación y posible miedo obligara al gobierno del estado a improvisar una cortina de hierro alrededor de la sede del Poder Ejecutivo, la tarde de este miércoles se registraron destrozos a edificios e infraestructura pública e intentos de represión durante la movilización en el marco del Día Internacional de la Mujer, donde el uso de gas lacrimógeno, extintores de polvo químico y hasta chorros de agua a presión no lograron acallar a manifestantes.

 

Fue después de las 15:00 horas que, en al menos dos puntos de la capital del estado, cientos de mujeres identificadas con colectivos en defensa de los derechos femeninos, trabajadoras del sector público y sociedad en general -incluyendo varones-, se congregaron y de manera gradual aumentaron su número durante su avance hacia el centro histórico tlaxcalteca, donde a su arribo, rebasaban el millar de asistentes.

 

En el exterior del ayuntamiento capitalino, comenzaron una ceremonia de pase de lista de mujeres que han sido víctimas de violencia, muchas de ellas con consecuencias fatales, exigiendo el esclarecimiento de los hechos que habrían sido desestimados y descartados como feminicidio.

 

Posteriormente, el grueso del contingente se hizo presente frente al extenso muro de metal colocado frente al Palacio de Gobierno, donde entre gritos de reclamo comenzaron a tratar de comprometer la estructura construida horas antes.

 

Minutos después de la insistente intención de derribar la estructura, se registró el primer intento de reprimir la manifestación con una nube de polvo químico lanzada desde el interior del cerco metálico.

 

Tras varias arremetidas por parte de ambos lados, las mujeres lograron causar daños a estructuras de alumbrado público del zócalo y otros objetos de la zona, los cuales fueron utilizados como arietes improvisados para afectar la muralla, que con el paso del tiempo comenzó a evidenciar puntos débiles, provocando que las medidas de disuasión se incrementaran al uso de granadas de gas lacrimógeno en contra de manifestantes, testigos, medios de comunicación y ciudadanos.

 

Ante los constantes embates de ambos bandos, una estructura de madera adecuada como templete fue prendida con fuego, lo que generó la aparición de más humo en la zona, al que se sumó una nueva dosis de granadas de gas y polvo químico de extintores, hasta que, a manera de una posible medida desesperada por retomar el control, la Secretaría de Seguridad Ciudadana hizo uso de un camión pesado blindado -conocido como rinoceronte- con el que arrojó agua a presión contra el contingente.

 

Poco duró la táctica, luego de que un joven hiciera frente al pesado vehículo y lograra escalar hasta hacerse del control del dispositivo lanzador de líquido, mientras el conductor de la unidad hacía maniobras temerarias para obligarlo, sin éxito, a caer al suelo. Finalmente, el chorro de agua fue redirigido contra el palacio de gobierno, los efectivos de seguridad en el interior de la muralla e incluso el propio vehículo pesado.

 

Tras la escena espontánea que recreó el pasaje de David y Goliat, el camión se retiró de manera apresurada, dando vueltas al perímetro del zócalo en varias ocasiones sin lograr disuadir a las manifestantes.

 

Ello, propició que la agresión contra los muros continuara a la pared, que la mayoría de los cristales del inmueble fueran destruidos por proyectiles, desatando una nueva oleada de bombas de gas en contra de las manifestantes, una de las cuales logró alcanzar a un trabajador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos que fungió como observador y que tuvo que ser trasladado de urgencia para recibir atención.

 

La situación se prolongó hasta las 19:00 horas, donde luminarias recién colocadas en el parque fueron reducidas a escombros, al igual que el resto de cristales del inmueble, exceptuando los del despacho de la titular del Ejecutivo estatal, que recibieron una serie de impactos de diversos objetos sin sufrir afectaciones. A esto siguió una nueva tanda de granadas lacrimógenas, así como otros objetos arrojados desde el techo del edificio.

Finalmente, en medio de la penumbra, las hostilidades cesaron, dejando atrás una serie de destrozos y denuncias expresadas en pancartas y pintas que acusaban actos de acoso contra mujeres cometidos por funcionarios, docentes y ciudadanos, así como reclamos y reproches por la actitud de simulación y falsa empatía por parte de autoridades hacia el género femenino.

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