Período extraordinario: la democracia no se detiene
Las
instituciones democráticas, en ningún país del mundo, son una obra terminada.
Requieren revisión permanente, capacidad de adaptación y voluntad para corregir
aquello que impide que respondan plenamente a las necesidades de la sociedad.
Por eso, el
periodo extraordinario de sesiones que celebrará el Congreso de la Unión a
partir de la próxima semana, representa mucho más que una agenda legislativa:
es la continuación de un proceso de transformación respaldado por millones de
mexicanas y mexicanos que decidieron construir un país con instituciones más
cercanas al pueblo y menos subordinadas a privilegios o intereses particulares
y de grupo.
Los temas que
discutiremos tienen un objetivo común, que es el de fortalecer la vida
democrática del país y consolidar cambios que permitan que el poder público
responda cada vez más a la voluntad popular. No se trata únicamente de
modificar leyes o ajustar procedimientos, sino de perfeccionar mecanismos que
garanticen una representación más íntegra, una justicia más accesible y una
democracia protegida frente a cualquier intento de distorsión o intervención.
Uno de los
asuntos centrales será la adecuación de distintos ordenamientos relacionados
con la reforma judicial. Se trata de cambiar la fecha de elección para
trasladarla al 4 de junio de 2028, con el objetivo de dar certeza jurídica y
operativa a un proceso inédito mediante el cual la ciudadanía participará de
manera directa en la elección de quienes integrarán diversos órganos
jurisdiccionales.
Recordemos
que, durante décadas, amplios sectores de la población percibieron al sistema
de justicia como una estructura distante y poco sensible a las demandas de la
gente. La democratización del Poder Judicial responde precisamente a la
necesidad de acercar la justicia a quienes históricamente se sintieron
excluidos de ella y de fortalecer la legitimidad de las instituciones
encargadas de impartirla.
También
analizaremos reformas orientadas a fortalecer la integridad de las candidaturas
a cargos de elección popular. Sabemos que la representación política constituye
una de las mayores responsabilidades dentro de la vida pública, por lo que
quienes aspiran a ejercerla deben acreditar no solamente capacidad para
gobernar o legislar, sino una conducta congruente con los principios de
legalidad, honestidad y servicio a la comunidad.
La ciudadanía
tiene derecho a exigir que quienes solicitan su confianza cuenten con los
perfiles éticos adecuados para representar el interés colectivo, y el Estado
tiene la obligación de generar instrumentos que contribuyan a garantizarlo.
Otro tema
relevante será el fortalecimiento de las medidas destinadas a proteger la
soberanía nacional y la integridad de nuestros procesos democráticos. México ha
sostenido históricamente una posición firme en defensa de la autodeterminación
de los pueblos y de la no intervención en los asuntos internos de las naciones.
Esa convicción mantiene plena vigencia en el presente, lo que se traduce en que
las decisiones sobre el rumbo político del país corresponden exclusivamente al
pueblo de México y deben tomarse sin presiones externas, sin condicionamientos
ajenos al interés nacional y con pleno respeto a nuestra independencia como
nación soberana.
Cada una de
estas reformas forma parte de una misma visión de país: instituciones más
transparentes, autoridades más responsables ante la ciudadanía y mecanismos
democráticos capaces de responder a las exigencias de nuestro tiempo.
Esta agenda
representa el ejercicio legítimo de una mayoría democrática que decidió
impulsar cambios para ampliar derechos, combatir prácticas excluyentes y
fortalecer la participación ciudadana en los asuntos públicos.
Quienes
integramos el Poder Legislativo sabemos que las decisiones que tomaremos
durante este periodo extraordinario no deben evaluarse únicamente por su
impacto inmediato, sino por su capacidad para fortalecer la confianza ciudadana
en las instituciones y consolidar una democracia cada vez más participativa,
incluyente y cercana a la gente. Esa es la responsabilidad que hoy nos exige el
pueblo de México y es la que asumo con plena convicción desde el Senado de la
República.
Ana Lilia
Rivera Rivera
Senadora de
la República por Tlaxcala
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