Tlaxcala no es descalificación
TIEMPOS
DE CAMBIO
Santiago Hernández
Resultaron desafortunadas las expresiones emitidas por la escritora Sabina Berman en su cuenta de X, donde se refirió a la senadora panista Lilly Téllez como “nuestra Corina Machado tlaxcalteca”, una frase que generó reacciones inmediatas por su evidente connotación despectiva.
El uso del gentilicio “tlaxcalteca” en ese contexto fue percibido como ofensivo, al emplearse como un recurso de descalificación. En redes sociales, la expresión fue señalada como xenófoba y clasista, al considerar que la referencia se utilizó para desacreditar, no solo a una figura política, sino de manera implícita a una comunidad entera.
El señalamiento ocurre, además, en un momento particularmente sensible para la memoria histórica de Tlaxcala. En octubre pasado se conmemoraron los 500 años de la Fundación de la Ciudad de Tlaxcala, una efeméride que abrió espacios de reflexión sobre la identidad y el papel histórico de esta entidad en la conformación del país.
Entre esas reflexiones, conservo de manera especial las expresiones del contador Óscar Flores Jiménez, con quien tuve la oportunidad de conversar durante aquellas fechas. Algunas de sus ideas fueron compartidas en este espacio de opinión; otras cobran relevancia ahora, cuando la coyuntura lo amerita.
Conocedor de la historia regional, Flores Jiménez subrayaba con orgullo el pasado de Tlaxcala como nación independiente: un pueblo que tomó decisiones estratégicas, que estableció alianzas en función de sus intereses y que conservó su identidad, contribuyendo de manera decisiva a la construcción del México mestizo que hoy conocemos.
Como es sabido, Tlaxcala y Tenochtitlan mantenían una rivalidad previa a la llegada de los españoles. En ese contexto histórico no existía México como nación, por lo que resulta incorrecto hablar de traición, una narrativa que lamentablemente se ha reproducido en distintos momentos y espacios.
Recordaba Óscar Flores que las alianzas que Tlaxcala estableció fueron decisiones soberanas que aportaron a la fundación de la nueva nación mexicana. Desde esa perspectiva, concluía, aún queda mucho trabajo por hacer para desmontar el mito del “tlaxcalteca traidor” y posicionar a Tlaxcala como un referente nacional en materia de memoria histórica indígena.
Bajo esa lógica, el uso del gentilicio tlaxcalteca como forma de descalificación resulta inaceptable. Tlaxcala no es sinónimo de traición; es sinónimo de estrategia, resistencia y origen de la nación mexicana.
Además, las diferencias políticas, por profundas que sean, no justifican atentar contra la dignidad de un pueblo. Tlaxcala no es insulto. Tlaxcala es identidad. Y defender a Tlaxcala no es un acto político, sino un deber histórico.
Y a propósito de Óscar Flores, este fin de semana, el actual secretario de Finanzas del Estado de México fue el orador oficial durante la ceremonia solemne por el séptimo aniversario luctuoso del exgobernador Alfredo del Mazo González, quien encabezó el Poder Ejecutivo mexiquense entre 1981 y 1985.
El acto público se realizó en la explanada del Centro Cultural Mexiquense y fue encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez. Asistieron también diversas figuras de la clase política del Estado de México, entre ellas el exmandatario Alfredo del Mazo Maza.
Durante su
intervención, el tlaxcalteca destacó que el Estado de México transita por una
nueva etapa bajo el liderazgo de Delfina Gómez, alineada con los principios de
la Cuarta Transformación: un proyecto que coloca al centro al pueblo, la
justicia social, la dignidad humana y el bienestar colectivo, marcando un antes
y un después en la vida pública de la entidad.
Por
supuesto, la posición expresada por Flores Jiménez fue reconocida por
integrantes de la administración morenista de la que forma parte. El
funcionario de origen tlaxcalteca sigue posicionándose, y más vale no perderle
la pista.
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