Ernesto, un joven speedcuber, ejemplo de resiliencia y perseverancia
(Verónica Hernández Flores) El speedcubing es una actividad que muchas personas intentan, pero pocas
dominan. Se trata de un deporte intelectual que demanda concentración mental, buena
memoria, destreza, disciplina y mucha paciencia. Y la exigencia es todavía
mayor si quien lo practica es alguien con discapacidad visual.
Ernesto Alonso Romero Pérez es un chico de 14 años de edad, que cursa el
tercer año de secundaria y que, desde hace un año -cuando descubrió el Cubo de Rubik
gracias a un hermano menor-, se convirtió en un decidido speedcuber.
Sólo que este adolescente originario del municipio de Tenancingo perdió
la vista cuando tenía ocho años, como consecuencia de la microftalmia, catarata
congénita y desprendimiento de retina que padece.
Fueron momentos difíciles, pero con una gran resiliencia, Ernesto y su
familia asimilaron y se sobrepusieron a la circunstancia que la vida les
presentó.
Ernesto no sólo acude a una escuela regular -el Centro Escolar Niños
Héroes de Chapultepec, en el estado de Puebla-, sino que mantiene un promedio
de 9.8. Y, además, es ya un verdadero amante del mundo del cubo.
Cuando a su hermano Gael, cuatro años menor que él, le compraron un Cubo
de Rubik, Ernesto se interesó en el rompecabezas. Comprendió que resolverlo era
cuestión de lógica y se decidió a intentar. Para ello, la ayuda de su padre, José
Luis Romero Flores, ha sido fundamental.
“Él quería armar los cubos, entonces, primero pusimos unas figuras en
unos stickers, pero se despegaban. Investigamos qué material podía adherirse
mejor y después Ernesto sugirió que pusiéramos letras en sistema Braille y me
fue indicando qué letra poner en cada color”, recuerda José Luis Romero, en
entrevista con Cuarto de Guerra.
Fue así que hicieron sus propios cubos en sistema Braille.
Paralelamente, Ernesto escuchaba tutoriales de internet para aprender poco a
poco los distintos métodos y algoritmos que existen para el speedcubing.
“Ha sido difícil porque no hay en internet consejos especiales para
personas como yo, o sea, tengo que adaptar los consejos o descubrir mis propios
consejos”, comparte Ernesto.
Comenzó por el clásico, el 3x3, y poco a poco fue adentrándose al mundo
cubero, de tal forma que hoy también resuelve puzzles como el 2x2, el 4x4, el
5x5, el 6x6, Pyraminx y Skewb.
Actualmente, ha logrado en la categoría principal (3X3) un récord
personal de 19.05 y en el 2x2 mantiene en promedio tiempos de 7 segundos,
aunque, como cualquier otro jugador, su reto es siempre superar su marca.
Y precisamente la rapidez en los dedos que exige el cubing ha rendido
frutos para Ernesto en actividades como la lectura, amén de los beneficios ya
conocidos de practicar este deporte mental.
Por eso se lo toma muy en serio. Entre semana, una vez que cumple con
sus deberes escolares, dedica tiempo a sus cubos, lo mismo que los sábados y
domingos.
Hace unos días, con ayuda de su hermano José Luis, de 21 años, Ernesto
encontró el Team Tlaxcala, grupo de cuberos tlaxcaltecas con el que participó
en una “quedada” que tuvo lugar en el Zócalo de Tlaxcala.
“Mi hermano investigó y ya estamos aquí”, nos comentó Ernesto, contento
de convivir e intercambiar experiencias con otros chicos con la misma afición
que él.
A esa “quedada” acudió en compañía de su padre y de su hermano José Luis, porque a lo largo de este año de práctica, el cubo ha sido un buen pretexto para la unión familiar, señala el papá de Ernesto.
Así, sus padres Rosa Pérez y José Luis Romero, y sus hermanos José Luis,
Joel y Gael, de 21, 18 y 10 años, respectivamente, han apoyado a Ernesto en
esta actividad de diferentes maneras. Orgullosos, saben que la decisión y
perseverancia de este joven lo llevarán a alcanzar sus metas en esta actividad
o en cualquier otro reto que se proponga.
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