Exigen paterfamilias salida del párroco de Ixtenco

Exigen paterfamilias salida del párroco de Ixtenco

En una asamblea efectuada el fin de semana, pobladores del municipio de Ixtenco reiteraron su decisión de solicitar la intervención de las autoridades eclesiásticas para que Pablo Cuatecontzi Flores sea sustituido como párroco y para que la escuela primaria “Miguel Hidalgo” se mantenga en operación.

 

Lo anterior, explicaron, debido a que el sacerdote responsable de la parroquia de San Juan Bautista determinó cerrar la referida institución educativa -que cuenta con más de 60 años en funcionamiento- “porque no le representa ganancias” y con el argumento de que está establecida en un espacio que es propiedad de la iglesia.

 

“El párroco dice ser quien determina y, según él, por no convenir a sus intereses pidió a la Secretaría de Educación Pública la cancelación de la clave de esta institución”, señalaron.

 

Molestos, padres de familia pidieron la salida del sacerdote, quien desde hace seis años arribó a la iglesia de San Juan Ixtenco.

 

“El mismo sacerdote ha dicho que no le interesa la educación si no pagan. Ha llegado con golpeadores y ha saqueado la escuela; se robó todo el mobiliario”, denunciaron los quejosos que, advirtieron, procederán legalmente.

 

Al mismo tiempo, hicieron un llamado al obispo en Tlaxcala para que “ponga un alto a quien no está para oficiar misa, pues sólo se ha dedicado a insultar, sobajar y amenazar a los vecinos”.

 

Desde finales de marzo, los padres de familia acudieron a las oficinas a la SEPE para poner a la autoridad educativa en conocimiento sobre esta situación y pedirle evitar que el párroco cerrara el referido colegio.

Cabe recordar que no es la primera vez que el párroco de Ixtenco, Pablo Cuatecontzi Flores, genera polémica, pues en junio de 2020, en plena crisis por la pandemia de Covid-19, celebró la eucaristía de Corpus Christi, sin que se respetaran las medidas sanitarias, pues amén del alto aforo, la mayoría de asistentes no guardó la sana distancia ni utilizó cubrebocas y gel antibacterial. Todo ello, pese a que la Diócesis de Tlaxcala había determinado que las celebraciones religiosas debían realizarse a puerta cerrada.

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