Sergio Flores, en los cuernos de la luna

Sergio Flores, en los cuernos de la luna

“El toreo se toma enserio”: SF

De Sergio debes saber para empezar, que es un torero, pero no cualquier torero. A él le gusta el toro grande, lo dice sonriendo mientras conversa con Cuarto de Guerra en un café de su ciudad natal, Apizaco.

Él es alegre, sencillo, valiente, muy valiente, despierta, desayuna come y cena, duerme toro, al interior del rancho en el que vive y en el que, de lunes a viernes, sábado cuando no hay corrida se levanta muy temprano para hacer una rutina disciplinada de ejercicios, práctica en el capote y eso, si lo has visto torear te explicará su impoluta técnica.

A Sergio le gustan los detalles y, a detalle, explica que ser torero es un tema completamente vocacional, acompañado de pasión por el toro expresado aún a cambio de la propia vida.

¿Por qué torero y no astronauta?

“Yo soy torero porque en eso encuentro vida”

Su historia comenzó a los seis años viendo torear a Rafael Ortega otro diestro Apizaquense, antes de él en su familia no había sangre taurina, ¡vaya!, ni siquiera un tío lejano. No es hijo de ganaderos, toreros, picadores, empresarios, novilleros, nada y, sin embargo, su carrera va en ascenso como la espuma desde el año 2015.

Sergio admite que no haber crecido en el ambiente del toro le impidió, a él y sus padres, tener conciencia de lo dura que puede llegar a ser esa profesión.

¿A qué obedece tú éxito?

A estar en lo que tienes que estar, física, mental y espiritual al 100%, es una profesión como todas, sacrificio, aquí encima de conseguir un triunfo debes estar completamente dispuesto a perder la vida.

¿Cómo te preparas físicamente?

Yo vivo en un rancho de toros bravos, desayuno, ejercicio, vuelvo a desayunar, entreno en la plaza, capote, muleta, espada todo hasta las tres de la tarde, paramos a comer, descansamos, vuelvo a entrenar capote y muleta hasta que nos da la noche, al final del día juego raquetbol.

El toreo de Sergio Flores y su preparación hasta convertirlo en novillero fue muy a la española como el mismo lo explica. A los 15 años Sergio salió de su casa para buscar su sueño en la vida, convertirse en un referente en el mundo taurino.

No es la clásica figura al que le gusta placearse solo por placer, discreto al vestir, también al hablar, devoto de la virgen de Santa Bárbara, hermano menor de dos mujeres, hijo de una ama de casa y un papá que está por jubilarse.

“Yo espero que ya se jubile porque me gusta que me acompañe a las plazas, sobre todo ahora en esta etapa por la que estoy pasando” confiesa emocionado.

Para ser el triunfador de múltiples tardes en la Plaza México y una figura cotizada por empresarios para sus carteles, Sergio Flores no ha perdido el piso, con 27 años nunca pensó que lo duro de su profesión fuera a ser tan duro y lo bueno fuera a ser tan bueno en su meteórica carrera.

¿Viajaste a España y luego, qué has sacrificado, qué pasó con la escuela?

Inicié la preparatoria y no la terminé, viajé a España un marzo, se sacrifica mucho sobre todo tiempo esto es de mucha disciplina.

¿Lo más difícil del ambiente taurino?

Es difícil. Siempre te tropiezas con alguien que te pone el pie, pero tengo la fortuna de estar rodeado de gente buena, si lo sabes sobrellevar lo más fácil es pararte frente al toro, lo complicado es todo lo demás.

¿Cuál es la relación con tu apoderado?

Muy buena desde entonces y hasta el día de hoy, estoy contento de haberme encontrado con gente buena que me apoyó desde el principio y que ahora continúa haciéndolo.

Para el joven que prefiere un bar que un antro y dormir que ir al cine, no existen tardes malas, cuenta que incluso en aquellas en las que ha sido cornado por un toro trata de sacar lo mejor, de aprender.

“No sé es que fíjate soy muy optimista hasta de las tardes malas intento sacar cosas buenas, incluso con el percance de San Luis Potosí yo dije, estoy vivo, tengo los dos brazos, por eso te digo no hay tardes malas”.

¿Una tarde memorable para Sergio?

Estas últimas han sido muy buenas, el 12 de diciembre el 4 de febrero en la México, compartir escena con figuras del toreo mundial han sido tardes que han marcado mucho para mí, pero la primera tarde que salí a hombros de la Plaza México, indulto un toro y mi carrera pega un boom, empieza todo lo bueno, para mi esa es una tarde clave 8 de febrero del 2015.

¿Te ves pasando a la historia, trascendiendo en esto que haces?

Sé que tengo la capacidad, sé que si tengo la perseverancia si puedo pasar a la historia, claro que quiero.

¿A quién admiras?

Hay grandes toreros. Cuando estaba en Tlaxcala admiraba a Rafael Ortega, El Pana, Alberto Ortega, los toreros de mi tierra, posteriormente cuando viajo a España mi mundo se abre y conozco a José Pedro Prado, no tuvo familia taurina, pero fue grande en un circuito de corridas llamadas duras. Ahora sigo admirando al Fundí como matador y admirar, admirar a mis papás.

¿Cómo te ves en cinco años?, Sergio piensa un poco la respuesta, bueno ¿en tres? Sonríe y terminamos hablando de qué hará el próximo domingo.

“Espero poder ser la primera figura de México y estar peleando un sitio entre las figuras consolidadas del toreo mundial”.

¿Lo imaginabas como ahora es?

Siempre me lo tomé enserio, pero van pasando cosas buenas y duras, ni que las duras fueran tan duras ni las buenas tan buenas, creo que cuando eres niño no te imaginas lo grandioso que puedes llegar a ser.

Siempre recoges lo bueno que siembras.

Sobre la muerte y el miedo, Sergio sabe que todos algún día y de forma irremediable vamos a morir; se dice un hombre cariñoso, abraza, besa y dice lo que debe decir cuando lo siente, si pierde la vida en un ruedo seguramente se habrá despedido de quienes ama.

Le teme al toro, pero más como una forma de demostrarle respeto, tolera a veganos, conversa con anti taurinos siempre que no sean radicales.

“La muerte está latente, suelo despedirme de mi familia y amigos, yo no sé si mañana salga a torear y no regrese”.

Sergio Israel Flores García también siente miedo, pero lidia con él, más de forma mental que de forma física. Entre sus tardes de éxito se encuentra la del pasado 12 de diciembre en la plaza México donde compartió cartel con Sebastián Castella, Ginés Marín y Luis David Adame.

Su plaza favorita Guadalajara, porque ahí echan un toro serio, un toro grande y a Sergio le gusta el toro grande, con afición exigente, sin toreo bullidor, sin espectáculo, sin pose.

El ejemplar más grande 698 kilos, lo lidió en la ganadería de su apoderado Roberto Viezcas.

Justo antes de concluir revela el dato más sensible de la plática, no le gusta pedir un traje de luces por teléfono, es un hombre al que le gustan los detalles, lo notas en los trajes que viste y le confecciona Antonio de la sastrería Fermín en Madrid.

A flores García le preocupa la fiesta, pero se ocupa de ser a su corta edad de los toreros más aguerridos y bien presentados en las plazas, respeta dos cosas: al toro y la prensa. Hace bien sobre todo cuando se está en los cuernos de la luna.

 

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